Venezuela: inventar el futuro sobre los hombros de la experiencia


En el año 2017, desde Panamá y en el marco de las protestas ocurridas en Venezuela —protagonizadas en gran medida por jóvenes—, nuestro maestro y artista plástico ya fallecido, Carlos Cruz-Diez, escribió un mensaje dirigido a todos los venezolanos y, especialmente, a la juventud de ese momento histórico.

A continuación transcribo el último párrafo de dicho mensaje:

“A mis 94 años les digo con sinceridad que les ha tocado vivir una época extraordinaria porque todo está obsoleto y hay que inventarlo de nuevo; hay que inventar un nuevo lenguaje político que hable de democracia, de valores éticos, de libertad, progreso y justicia social; hay que inventar la educación y crear un país de emprendedores, artistas e inventores, un país digno y soberano en el contexto global. En fin, en Venezuela hay que inventarlo todo. ¡Qué maravilla!”

De este inspirador mensaje han transcurrido casi diez años y, en muchos aspectos, nuestra realidad sigue planteando el mismo desafío: reconstruir, reinventar, rehacer, adaptarnos a nuevas realidades y a nuevos tiempos, innovar.

Y todo parece indicar que el momento histórico en el que será necesario ejecutar estos retos comienza a asomarse.

Esto supone extraordinarias oportunidades para empresarios —nacionales y extranjeros—, emprendedores, profesionales y trabajadores de todas las especialidades, en diversos espacios y sectores del país.

Sin embargo, surge una pregunta clave: ¿estamos preparados para ello?

¿Contamos con el capital humano necesario para afrontar ese proceso, incluyendo a un porcentaje de la diáspora que probablemente retorne?

Hace aproximadamente treinta años, Venezuela contaba con un aparato productivo, organismos e instituciones que disponían de profesionales, técnicos y colaboradores acordes con las exigencias de su tiempo.

Hoy, gran parte de ese talento se encuentra en edades cercanas o superiores a los 50 años, una etapa en la que —paradójicamente— muchos profesionales suelen ser excluidos de los procesos de selección.

Este capital humano puede encontrarse hoy disperso en diferentes actividades, dentro o fuera del país, activo en otras áreas, sobreviviendo en empleos distintos a su especialidad o incluso jubilado gracias a alguna renta personal.

Pero todos ellos poseen algo extremadamente valioso: Know-how.

Un conocimiento acumulado que, a mi juicio, representa un activo estratégico para el país que aspiramos a reinventar.

Es precisamente aquí donde surge la propuesta de la mentoría o mentoring.

En un escenario de reconstrucción, la mentoría no es un concepto romántico, sino una herramienta de gestión del conocimiento.

La mentoría empresarial es una relación profesional en la que un experto (mentor) guía y potencia el desarrollo de un talento con alto potencial (mentee). No se trata únicamente de transferir técnica, sino de transmitir sabiduría práctica, visión estratégica, ética profesional y criterios para la toma de decisiones.

¿Por qué puede ser una decisión inteligente para las organizaciones?

Para los directivos que liderarán empresas en un escenario de reconstrucción, implementar programas formales de mentoría podría ofrecer beneficios tangibles:

Aceleración de la curva de aprendizaje: reduce el tiempo necesario para que las nuevas generaciones alcancen niveles altos de productividad, minimizando errores costosos.

Recuperación del capital intelectual: evita que el know-how crítico desaparezca y permite que las organizaciones se nutran de experiencia acumulada.

Desarrollo de talento a bajo costo: optimiza los presupuestos de formación al utilizar un recurso interno o cercano altamente valioso.

Nivelación de competencias básicas: ayuda a compensar posibles deficiencias formativas producto de las dificultades que ha atravesado el sistema educativo en los últimos años.

¿Qué representa la mentoría para un profesional senior (+50)?

Los profesionales mayores de 50 años poseen, en muchos casos, la memoria histórica de la productividad del país. Para este grupo, actuar como mentores puede generar un valor incalculable.

  1. Trascendencia y legado
    Transformar décadas de experiencia en un impacto duradero sobre las nuevas generaciones.
  2. Vigencia profesional y mentoring inverso
    Al interactuar con jóvenes profesionales, el mentor también se actualiza en nuevas tecnologías, herramientas digitales y nuevas formas de pensar el trabajo.
  3. Propósito renovado
    La mentoría reafirma el valor profesional del talento senior y combate el edadismo, demostrando que la experiencia sigue siendo un motor de innovación.

El mentor como activo recuperado: una oportunidad de reivindicación

Al consultar a un grupo de 20 profesionales de diversas áreas que cumplen con el perfil para actuar como mentores, cerca del 70 % manifestó estar dispuesto a asumir ese rol, aun sabiendo que requiere formación previa.

Esto revela algo importante: existe motivación y disposición para contribuir.

No podemos ignorar que una parte vital de nuestro tejido profesional —hombres y mujeres con gran trayectoria— hoy se encuentra fuera del mercado activo debido al desmantelamiento de sectores productivos enteros.

Para este grupo de expertos, la mentoría representa mucho más que una transferencia de conocimientos: es una oportunidad de reivindicación profesional.

Integrarlos como mentores —de manera interna o externa en las organizaciones— permitiría:

Reconocer el valor de su experiencia: validar décadas de esfuerzo, estudio y trabajo que el contexto país intentó invisibilizar.

Recuperar el sentido de pertenencia: permitir que estos profesionales se sientan nuevamente parte de la solución y del proceso de reconstrucción del país.

Reparar el relevo generacional: cerrar la brecha que dejó la interrupción de procesos de sucesión y transferencia de conocimiento en los últimos años.

Como bien decía el maestro Cruz-Diez, “hay que inventarlo todo”.

Pero no podemos inventar sobre el vacío.

La mentoría nos permitiría construir sobre los cimientos sólidos de quienes ya saben cómo se levanta un país.

En los profesionales senior no solo reside la memoria de lo que fuimos, sino también el mapa estratégico de lo que podemos volver a ser.

* Licenciada en Administración Industrial por la Universidad de Oriente con Postgrado en Relaciones Industriales por la Universidad Santa María. Se ha desempeñado como coach y consultora organizacional independiente, asesorando a importantes organizaciones en los sectores salud, educación, turismo, servicios e inmobiliario. Previamente ocupó posiciones de liderazgo en empresas del sector industrial y de consumo masivo.


Deja un comentario