La transcomplejidad: una nueva visión para comprender la realidad


El mundo de hoy se muestra fascinante, incierto y avasallante. Diversos hechos de la realidad se producen de manera sorpresiva, trastocando la psiquis de las personas y el entramado de relaciones humanas para reconfiguran nuevos comportamientos sociales. Es el fenómeno de la transcomplejidad que nos acecha y, muchas veces, no nos percatamos de ella porque hemos crecido en una concepción reduccionista y lineal donde todo se verifica, cuantifica y prevé. Sin embargo, la realidad diaria es poliédrica, se presenta con diversas dimensiones entrelazadas y emergentes y, por muy simples que parezcan, producen resultados que terminan afectando nuestra forma de vida. Por eso es importante aproximarnos a eso que se llama transcomplejidad.

El referido término fue usado por el filósofo venezolano Rigoberto Lanz en el 2001, al publicar su libro “Las Organizaciones Transcomplejas” para sustentar la nueva realidad de los procesos organizacionales. Representa una postura epistemológica como respuesta a la crisis de la ciencia moderna y al debilitamiento de las organizaciones basadas en la racionalidad burocrática. Posteriormente, Nancy Schavino y Crisálida Villegas, proponen en su texto “La investigación: un enfoque integrador transcomplejo”, publicado en el 2005, una nueva cosmovisión en los estudios posdoctorales denominada La ciencia transcompleja. Esta perspectiva es la conjunción de las teorías de la complejidad (Edgar Morin) y de la transdisciplinariedad (Basarab Nicolescu), las cuales trascienden el campo científico para abordar una multiplicidad de aspectos de la vida cotidiana.

 Precisamente, el contexto actual conjuga una multiplicidad de variables que trastocan la visión simplista, reduccionista y determinista que ha caracterizado a la ciencia positivista, para abrir paso hacia una racionalidad dialógica donde se entrelazan posturas diversas con actores que se mueven entre redes comunicacionales hacia estadios superiores de realización humana. Toma en cuenta valores espirituales, la creatividad e innovación del ser humano en la búsqueda de estadios de convivencia social, económica y política, mediante un diálogo constructivo y permanente.

Hablar de transcomplejidad es referirse a una episteme basada en lo transdisciplinar y complejo, cuyas orientaciones se proyectan hacia la construcción, desconstrucción y reconstrucción del conocimiento. Asume que la realidad misma es incierta, pero no desconectada de cada contexto socio-cultural. Cada elemento es dinámico y rompe con el criterio lineal que se había arraigado en el modo de pensar y en la forma de hacer investigación científica. La visión transcompleja adopta una postura deconstructiva de nuestras vidas mediante criterios de incertidumbre, flexibilidad y no determinismo.

Dada esa peculiaridad, la realidad transcompleja se mueve en un ambiente colaborativo donde sus miembros se convierten en actores protagonistas de procesos transversales con sus propias potencialidades. Este pensamiento es promovido desde la propia visión del sujeto, de su forma de vida cotidiana, creatividad y entrelazamiento con los demás en la construcción de su espacio existencial. El hombre, como protagonista de su entorno, es capaz de responder a los vaivenes del mundo actual y asume una conducta de respeto y tolerancia ante los diversos puntos de vista que se dan en el ambiente. Además, implica la búsqueda de diálogo permanente para solucionar los urgentes problemas sociales.

En ese orden, el pensamiento transcomplejo aboga por un proceso de interrelaciones y flujos de comunicación entre los actores de una sociedad movida por el conocimiento y la globalización. Los novedosos enfoques relacionados con procesos y diseños organizacionales trascienden la lógica epistémica de la modernidad, ubicada en la fragmentación de las disciplinas y en el contexto de la división social del trabajo. La nueva óptica implica que los miembros de la organización deben reflexionar de manera crítica y adaptarse a esos cambios del ambiente complejo, marcado por la globalización económica, las nuevas tecnologías y la transversalidad de saberes en aras de mejorar sustancialmente los procesos productivos y consolidar el éxito de las organizaciones.

En esta cosmovisión, los individuos van a poner a prueba sus capacidades intelectuales, físicas y técnicas para enfrentar los riesgos que se dan en todos los espacios sociales, mediante el aprendizaje permanente,  la aplicación de flujos informativos y niveles de complejidad. Para ello se requiere de un liderazgo cohesionador, inteligente, motivador, asertivo y visionario que se coloque a la altura de los grandes desafíos de esa realidad cambiante.

El compromiso de las organizaciones frente al ambiente transcomplejo es ampliar los mecanismos de participación de sus miembros frente a una gerencia altamente competitiva en la búsqueda de criterios de calidad, justicia, trabajo en equipo, visión compartida, alteridad, comunicación efectiva, empoderamiento y responsabilidad para orientar a dichas instituciones y conducirlas exitosamente por la ruta de lo incierto, lo complejo y lo novedoso. La realidad transcompleja no admite un pensamiento único ni una verdad absoluta, solo reconoce un universo plural, cambiante y azaroso.

Por tanto, el pensamiento de la transcomplejidad niega la certidumbre de una ciencia mecanicista fundamentada en el pensamiento cartesiano o positivista y asume a sujetos que interactúan, independientemente de sus posturas e intereses particulares, dentro de un sistema sociocultural diverso. Por eso las organizaciones actuales se constituyen en organismos inteligentes que procesan información para tener un diagnóstico claro del ambiente donde se mueven y  accionar estrategias que permitan su viabilidad en el tiempo.

Si se observa al mundo de hoy, con sus grandes tendencias globalizantes, es menester tomar en cuenta la proliferación de actores que compiten por doquier, no solo en los escenarios internacionales, sino en los locales, en el marco de riesgos permanentes que acechan en todas las direcciones posibles. Estos agentes, más allá de sus intereses, se ven forzados a conformar redes y alianzas para robustecer su radio de acción en los diversos aspectos de la vida cotidiana y reformular patrones de comportamiento en las prácticas organizacionales.

            La transcomplejidad ha modificado la estructura piramidal, la cual estuvo presente por mucho tiempo en las organizaciones, hacia diseños más flexibles, horizontales y basados en redes. Los esquemas centralizados le han dado paso a los modelos descentralizados, facilitando las autonomías, la transferencia de competencias y personalidad jurídica propias a nuevos entes que surgen para enfrentar la diversidad de niveles que se dan en la realidad. Incluso, este nuevo proceso abre nuevas categorías sobre el personal que labora en tales organizaciones hasta el punto que no se habla de recursos humanos sino de talentos humanos.

Estos cambios gerenciales, por supuesto, permiten reorientar a las organizaciones, independiente de su naturaleza, en un contexto marcado por el conocimiento, considerado la principal fuente de valor en la sociedad. De esta manera el talento humano adquiere mayor relevancia que los recursos materiales y financieros, por cuanto todo depende del aprendizaje cotidiano, imaginación, creatividad, visión de conjunto e innovación de las personas para garantizar el éxito de sus organizaciones.

            El enfoque transcomplejo permite entender el comportamiento de las organizaciones en buscar puntos de encuentro, alianzas y estrechar compromisos con la competencia para asumir los desafíos de un mundo incierto y en permanente cambio. Como afirma Etkin (2005), el comportamiento decisorio de los directivos en una organización está referido a la definición de objetivos y estrategias para el futuro y de fijar líneas de acción para atender los problemas de la actualidad. Para ello debe haber una base de acuerdo y una forma razonable de certezas sobre el futuro, de no dejar a los integrantes expuestos a fuerzas no controlables.

El referido autor advierte que en un mundo cada vez más comunicado, la sociedad funciona como un sistema de vasos comunicantes. Pues, el avance de las tecnologías y las comunicaciones crean diversidad de nexos entre los actores de la sociedad, los cuales pueden bifurcarse y fragmentarse hasta el punto de generar nuevos procesos que afectan directamente a las organizaciones. Estas últimas no tienen otra opción que propiciar estrategias múltiples para conocer el entorno y evitar ser náufragas en un torbellino de fuerzas que afectan el desempeño organizacional.

Los gerentes, por su parte, han de realizar actividades para modificar la conducta de los integrantes de la organización a través de criterios racionales basados en la eficiencia, eficacia y adaptabilidad. Pero, también, otros factores que no pueden ser calculados como las motivaciones, fantasías y expectativas de los individuos y equipos dentro de la organización. En pocas palabras, conjugar aspectos objetivos y subjetivos de la organización e integrarlo a la propia realidad que se vive para definir nuevas estrategias de acción.

 La finalidad de apuntalar un proceso organizacional consustanciado con el nuevo contexto sugiere traspasar los criterios gerenciales presentes en la modernidad. Significa, de acuerdo a Ramírez (2010), transformar la concepción de la máquina organizacional, sustentada en las relaciones jerárquicas del poder y las funciones propias de la teoría burocrática. El incesante flujo comunicacional, la proliferación de redes sociales y el auge de nuevas tecnologías de información, producto del proceso globalizador, ha permitido que aparezcan nuevos elementos cognitivos en una realidad que cambia con mayor rapidez que en otras épocas.

En consecuencia, es imposible en la sociedad actual no visualizar esas formas organizativas que responden a una lógica no simplista ni predeterminada. Ellas son denominadas organizaciones transcomplejas que aprenden permanentemente de su ambiente y realizan un manejo eficiente de sus recursos. Además, aplican procedimientos y diseños orientados a las tendencias de los mercados donde se valoran elementos legales, socioculturales, éticos, tecnológicos, religiosos, entre otros.

Priva así una visión organizacional estratégica que intenta administrar los cambios que se dan en el entorno. Tales organizaciones son sistemas ampliamente abiertos, no lineales y con diversas redes que se van constituyendo  para trascender en el espacio y tiempo. En consecuencia, promueven procesos sumamente complejos que se mueven entre sí e impactan para dar paso a nuevas realidades. Además, se configuran equipos de trabajo, con intereses y diversidad de pensamientos entre sus miembros, que apuestan al éxito organizacional.

Es oportuno destacar que en este nuevo panorama, basado en lo dialógico e incierto, se genera una serie de ruidos y perturbaciones que afectan permanente el ambiente, tales como la agresividad de los competidores, la incesante penetración de nuevos mercados y prácticas desleales con los clientes, cuyo impacto pueden debilitar el comportamiento de una determinada organización. De manera que una organización transcompleja se caracteriza por aplicar acciones estratégicas que faciliten el manejo de esos cambios  en la sociedad.

En resumidas cuentas, la transcomplejidad se proyecta como una nueva concepción de la realidad, movida por un escenario ampliamente dialógico, de múltiples actores y aprendizaje permanente, haciendo posible que las turbulencias de los cambios no afecten las buenas prácticas de las organizaciones, independientemente de su naturaleza. En este enfoque lo complejo se articula con lo trandisciplinar para acercarse a una realidad emergente que se despliega con los diversos aspectos de la vida, en un ir y devenir de fenómenos para configurar un todo. Es esa cosmovisión que debemos adaptar frente a un mundo que diariamente nos da sorpresa en el amplio entramado de relaciones humanas.

Referencias bibliográficas

Etkin, J. (2005). El saber de los directivos. En: Gestión de la complejidad en las organizaciones, p.p. 317-346. Buenos Aires: Granica.

Lanz, R. (2001). Organizaciones transcomplejas. Editorial IMPOSMO. Caracas.

Morin, E. (1997). Introducción al Pensamiento Complejo. Barcelona: Gedisa Editorial.

Nicolescu, B. (2002). La transdisciplinariedad. Manifiesto. Paris: Du Rocher.

Ramírez, M. (2010). Constructo Gerencial Centrado en el Ejercicio del Poder Organizacional como Factor Fundamental de las Organizaciones de la Sociedad del Conocimiento. Tesis Doctoral no publicada. Universidad Fermín Toro.

Schavino, N y Villegas, C. (2005). De la teoría a la praxis en el enfoque transcomplejo. Congreso Iberoamericano de Educación. Buenos Aires, Argentina, 13-15 septiembre.

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Jesús Alberto Castillo Doctor en Ciencias Gerenciales. Politólogo. Periodista. Abogado. El Dr. Castillo es un académico y profesional venezolano cuya labor integra la ciencia política, el derecho, el periodismo y la gerencia. Su trabajo se centra en el análisis crítico de la gerencia pública, la democracia y la formación ciudadana, combinando rigor académico con compromiso social. Como profesor universitario, promueve el pensamiento crítico y la comprensión de los procesos políticos y administrativos. Además, como articulista, conecta el debate académico con la realidad pública. Su enfoque epistemológico resalta la importancia del conocimiento bien fundamentado para la toma de decisiones, posicionándolo como referente en la formación de líderes y en la gestión pública ética y efectiva.


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