Nuestro modo de vida está influenciado por la dinámica organizacional. Cada uno de nosotros nos movemos en un clima cultural marcado por la existencia de instituciones de todo tipo que hacen posible las relaciones interpersonales y el intercambio de bienes y servicios para beneplácito de la humanidad. Desde que nacemos el hogar se convierte en ese mismo espacio de relaciones. Es nuestra primaria organización que nos acerca a las primeras letras y otorga una visión de la realidad más cercana. Luego, entramos a un espacio más amplio como la escuela, los grupos familiares, el trabajo y otras organizaciones que fortalecen el proceso de socialización para formarnos y hacerle frente a los desafíos de la vida cotidiana.

          En fin, las organizaciones copan todos los espacios del individuo y terminan moldeando su conducta como miembro de una comunidad determinada. Esas entidades tienen una misión y una visión que desempeñar, se ven obligadas a adaptarse a los cambios del entorno para sobrevivir y, además, compiten entre sí en una realidad cada vez más global y compleja. Por ende, deben aprender permanentemente y emplear una serie de criterios gerenciales para ser efectivas ante las nuevas tendencias que se producen en el ambiente. Es una exigencia necesaria en una sociedad dinamizada por el conocimiento y la competitividad.

Las organizaciones, al estar conformadas por personas, necesitan innovar e implementar modelos cognoscitivos cada vez más flexibles para hacer posible el buen desempeño de sus miembros, mejorar los canales de comunicación y los procesos de toma de decisiones y, en consecuencia, hacerse más competitivas. Aquí entra la noción de gestión de conocimiento, la cual tiene en Nonaka y Takeuchi (1985) a unos de sus principales expositores, y se caracteriza por el proceso de aprendizaje permanente al que se somete toda organización para innovar en productos y servicios.

Ambos autores le asignan un papel relevante al conocimiento dentro de las organizaciones para promover su competitividad. Destacan que existen dos tipos de conocimientos que deben ser aprovechados por la gerencia en cualquier organización, sea esta lucrativa o no: a) conocimiento tácito o personal, alimentado por la experiencia y vivencias de los individuos que conforman la organización y b) conocimiento explicito, sustentado en la información formal, sistemática y documental que se presenta en la organización. La idea es que se materialice ese proceso de articulación entre los dos tipos de conocimiento para dinamizar las actividades de la organización en procura de los objetivos definidos.

Desde una visión más reciente, la gestión de conocimiento es asumida por Figuerola (2013) como la capacidad de organizar, almacenar y compartir información clave para que todos puedan beneficiarse de su uso. De manera que en ese proceso se maneja una serie de técnicas y herramientas en el manejo de datos para mejorar las comunicaciones y el conocimiento entre los miembros de una organización. Los gerentes deben incentivar este proceso, tomando en cuenta que en la sociedad es importante manejar información a la hora de tomar decisiones trascendentales. Dicha tarea implica saber codificar los mensajes, clasificarlos adecuadamente, reflexionar en torno a ellos y pensar creativamente para aportar soluciones desde el propio entorno organizacional.

Supongamos por un momento que una prestigiosa empresa dedicada al área de hidrocarburos y petroquímica se le ofrece la oportunidad de invertir en una nación extranjera con grandes reservas probadas de petróleo, lo primero que debe hacer la alta gerencia es conocer de primera mano información sobre el riesgo país. Este indicador financiero va a medir la capacidad de cumplimiento de esa nación respecto a las obligaciones de deuda externa. La información debe contener los indicadores macroeconómicos (déficit fiscal, crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), nivel de deuda externa respecto al PIB, inflación, reservas internacionales) y factores políticos y sociales (estabilidad política, seguridad jurídica, conflictos sociales, nivel educativo, entre otros), así como la calidad del crudo que garantice aminorar los costos de extracción y producción.

Esos indicadores son determinantes para que la empresa pueda evaluar la probabilidad de invertir en esa nación, tomando en consideración que el mercado petrolero es muy volátil y requiere que las empresas tengan un periodo de tiempo suficiente para recuperar los recursos a invertir, en una relación costo-beneficio. De manera que la información debe ser gestionada de manera oportuna y sistemática para la respectiva toma de decisiones en la alta gerencia. Estamos en presencia de un proceso de gestión de conocimiento que es vital no solo para el desempeño de la organización sino su propia competitividad y sobrevivencia. Como dice el adagio popular: “El que tiene la información tiene el poder”. Las acciones de crear y transmitir conocimiento favorecen el diseño y aplicación de criterios racionales, enriquecidos con múltiples ideas, que ayudan a la toma de decisiones estratégicas.

Las organizaciones en una sociedad global y de amplio flujo informacional, como la que hoy vivimos, requieren combinar sus sistemas de información y comunicación con las capacidades del recurso humano que dispone en un ambiente tan turbulento y competitivo. La alta gerencia debe promover y estimular los procesos de gestión de conocimiento a través de la participación, compromiso, motivación y responsabilidad de todos los miembros de la organización para articular las diversas tareas y lograr alcanzar de manera eficiente las metas y objetivos plasmados.

Esa capacidad de gestionar conocimiento por parte de la gerencia será determinante para sortear con éxito los vaivenes de un entorno global. No es causal que Drucker (1993) señale que el activo más valioso y estratégico de una organización es el talento humano porque es capaz de auto-organizarse, aprender y generar conocimiento. Es el individuo que con su experiencia, vivencias y relaciones interpersonales va moldeando la realidad que le rodea hasta transformarla en un ambiente idóneo para su crecimiento y satisfacción de necesidades básicas.

Precisamente, la gestión de conocimiento genera valor en las organizaciones porque reflejan las capacidades de las personas mediante la educación, la experiencia para mejorar procesos de bienes y servicios a la colectividad. Ese capital importante que representa la persona en la organización se puede expresar bajo diversas modalidades: a) cognitivo, el conocimiento individual y grupal), b) simbólico, el poder de la palabra, c) cultural, las tradiciones, los valores y la costumbre, d) cívico, confianza en la institución y e) sinérgico, articulación de los diversos tipos de capital.  De manera que la organización tiende a retroalimentarse, robustecerse y mostrarse fuerte para desafiar los turbulentos cambios que se dan en el ambiente.

Para Guédez (2003) la gestión del conocimiento está enmarcada en concebir el conocimiento como insumo, proceso, producto y contexto en la actividad gerencial. Su prioridad es la gente más que los sofisticados sistemas tecnológicos y redes digitales. Propugna a que ese conocimiento sea manejado sistemática e inteligentemente por los usuarios para que puedan compartir ideas y aplicar innovaciones a los diversos procesos que se dan en las organizaciones. Además, debe articular esfuerzos y recursos valiosos para los logros económicos, espirituales y sociales de la organización. Se trata de reconfigurar un clima de trabajo en equipo, mutua confianza, intercambio de conocimientos e inventiva permanente para adaptar los procesos operativos a las tendencias que se registran en este mundo de gran competitividad y resultados.

Los individuos en su práctica cotidiana se van apropiando de una gama de conocimientos que deben aflorar con pensamiento crítico y reflexivo, asumiendo una mentalidad abierta y dispuestos a aportar ideas innovadoras a todos los procesos organizacionales. Esta capacidad cognitiva se compone de experiencias, ideas, destrezas, valores, creencias y habilidades que le permiten afrontar los problemas del día a día. Adquieren hábitos y determinados estilos de actuación para solucionar acertadamente los conflictos que suelen emerger de las relaciones interpersonales. Al respecto, la gestión del conocimiento ayuda significativamente para que los miembros de la organización sean más proactivos y favorezcan la competitividad de la entidad a la que pertenecen, como parte de un proceso de aprendizaje permanente.

En este orden de ideas, la competitividad organizacional está medida por su capacidad de atraer inversiones y talento humano para seguir operando con eficiencia, independientemente de los altibajos que puedan generarse en el entorno. Además, la competitividad arroja resultados muy valiosos en la productividad de bienes y servicios de una comunidad, así como en la mejora de las condiciones de vida de los usuarios. En fin, las sociedades que han avanzado en sus indicadores de desarrollo  humano son aquellas que han apostado a la calidad educativa, la formación de sus individuos, la gestión e innovación de conocimiento, a la meritocracia y, por supuesto, a la competitividad organizacional. Solo en la medida que seamos conscientes de estos pilares básicos podemos salir de nuestro atolladero y alcanzar mejores indicadores de calidad de vida que tanto nos merecemos.

Referencias bibliográficas

Drucker, P. (1993). La sociedad poscapitalista. España: Editorial Norma.

Figuerola,  N.  (2013).  Gestión  del  Conocimiento  (Knowledge  Management), Pirámide  D-IKW.  Disponible  en:   http://www.produccioncientifica.luz.edu.ve/

index.php/enlace/article/download

Guédez, V.(2003). Aprender a emprender. De la gerencia del conocimiento. Caracas: Editorial Planeta.

Nonaka, I. y Takeuchi, H. (1995). La organización creadora de conocimiento. Oxford University Press. México.

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Jesús Alberto Castillo Doctor en Ciencias Gerenciales. Politólogo. Periodista. Abogado. El Dr. Castillo es un académico y profesional venezolano cuya labor integra la ciencia política, el derecho, el periodismo y la gerencia. Su trabajo se centra en el análisis crítico de la gerencia pública, la democracia y la formación ciudadana, combinando rigor académico con compromiso social. Como profesor universitario, promueve el pensamiento crítico y la comprensión de los procesos políticos y administrativos. Además, como articulista, conecta el debate académico con la realidad pública. Su enfoque epistemológico resalta la importancia del conocimiento bien fundamentado para la toma de decisiones, posicionándolo como referente en la formación de líderes y en la gestión pública ética y efectiva.

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