

La gerencia política se circunscribe a la interrelación que producen los distintos actores en el plano institucional y jurídico del Estado. Ella se enfrenta a problemas complejos que requieren ser manejados con mucha inteligencia en contextos diversos y basados por correlación de poder. Esta precisión se debe a Michel Foucault (1993) con su célebre microfísica del poder, al asumir que este último se encuentra presente en cada uno de los espacios de la vida cotidiana, por ejemplo, la escuela, la familia, la iglesia, entre otros. De esta manera rompe con esa concepción tradicional de que sólo en las altas esferas del Estado se ejerce el dominio y hegemonía.
En ese arduo trajinar por aplicar métodos y contribuir al desarrollo de capacidades técnicas y el fortalecimiento de procesos de cambio en las instituciones del Estado, la gerencia política tiene que articular acertadamente las relaciones que se producen entre los sujetos que la hacen posible. Las autoridades públicas, tecnócratas, líderes políticos y grupos de presión tienen representaciones sociales y ejercen prácticas en el devenir histórico. Su comportamiento colectivo debe estar orientado a abordar temas de descentralización político-administrativa, eficiencia gerencial, innovación tecnológica, desarrollo sustentable y gestión de conocimiento en el aparato burocrático, pero muchas veces tienen que lidiar con intereses grupales y presiones de todo tipo a la hora de decidir políticas públicas.
Las emociones y las experiencias de vida direccionan la sociedad
Ante la realidad compleja que se vive, no bastan las buenas intenciones ni las formas organizacionales que asuman los gerentes políticos para dar respuesta a las exigentes demandas ciudadanas. La clave radica en estudiar el estado emocional del sujeto que interactúa en el andamiaje gerencial. El modo cómo aprende el actor en su medio es determinante para moldear su conducta ante los hechos sociales que se le presenta. Por ejemplo, la gerencia política está influencia por actores sociales que viven su mundo interior, copian estereotipos y asumen determinados estilos de relacionarse con los demás, pudiendo afectar la convivencia ciudadana desde el punto de vista social, económico, político y ético.
Esta precisión es oportuna a la hora de abordar los diversos procesos que se producen en la gerencia política para cumplir con su cometido de convivencia social. La mayoría de los estudios se basaban en comprender este tipo de gerencia desde el aspecto formal de las organizaciones públicas, en el desempeño efectivo y en la introducción de reformas y cambios institucionales para optimizar el papel del Estado en la satisfacción de demandas ciudadanas. Estas iniciativas pueden tener consenso, pero si no se profundiza en aspectos inherentes al ser humano, a ese sujeto que se convierte en actor social y afecta la esfera pública, resultará imposible acometer con acierto todos esos cambios. Como se ha descrito, las organizaciones son productos de las acciones que sus miembros desarrollan y entrelazan en su interior.
A partir de aquí puede establecerse una relación muy estrecha entre la gerencia política y los actores sociales. En ella se enfoca el imperativo de un proyecto de sociedad, donde privan elementos emocionales y experiencias vividas de quienes detentan los cargos de la administración pública y de otros poderes del Estado. Puede verse, entonces, que este tipo de gerencia requiere hacerle frente al hecho político como tal, a ese que se produce en un entramado de conflictos y acuerdos para direccionar a la sociedad en su conjunto.
La gerencia política como plataforma de gobernanza social
En estos tiempos de avance tecnológico el conocimiento y el talento humano deben ponerse al servicio de la acción pública. De allí que uno de los retos más urgentes de la gerencia pública es lograr la inserción eficiente de los actores sociales en el proceso de políticas públicas. Así se convierte en una plataforma de gobernanza colaborativa que va más allá de la mera consulta ciudadana. Se trata de una interacción dinámica entre el aparato estatal y los movimientos sociales para el diseño y ejecución de acciones que redunden en la calidad de vida de las personas, aprovechando los saberes específicos de los actores involucrados.
Esta importante sinergia implica varias fases, tales como: a) el mapeo de actores para clasificar a la comunidad por sus habilidades, b) la conformación de mesas de innovación que sirvan de espacios técnicos-creativos donde los ciudadanos aporten ideas y los funcionarios garanticen la viabilidad legal y financiera, c) la elaboración del presupuesto participativo y concreción de convenios gestión comunitaria y d) la auditoria ciudadana para evaluar los resultados de los diversos proyectos y fortalecer la transparencia y mejora continua de las políticas públicas ejecutadas.
La gestión publica se fortalece cuando nace de la base social
Expertos en el tema han coincidido en la necesidad de revitalizar el papel del Estado para hacerlo más productivo. La gerencia política debe utilizar criterios del sector público para optimizar los servicios públicos. Es una relación costo-beneficio que debe estar presente en cada ciclo de las políticas públicas. Para ello debe aprovechar el talento de los actores sociales, tener una clara cartografía social e impulsar reuniones permanentes con las comunidades. Es evidente que las políticas públicas tienen mayor legitimidad cuando nacen del propio seno de los actores sociales, puesto que ellos valoran el sentido de pertenencia y esfuerzo manifiesto en cada una de las etapas de esa gobernanza comunitaria. Los actores sociales, al sentirse protagonistas de la solución, procuran mantener en buen estado las obras o programas en el tiempo.
La vinculación de los ciudadanos a las políticas públicas es crucial porque garantiza su viabilidad técnica, financiera y política. Mientras la capacidad técnica construye el contenido de los programas y obras, el talento creativo de los actores asegura la empatía e identificación de dichas acciones gubernamentales. En este contexto, Pantoja Ospina (2013) destaca el surgimiento de una visión de la gerencia política que trasciende los enunciados tradicionales y se relaciona con la forma de pensar por y para los ciudadanos como centro de la acción del Estado. El gerente político actúa consciente de involucrar el talento creativo de los actores sociales. En esta nueva visión cobran relevancia la cultura, el conocimiento y la forma de conducir la incertidumbre por parte de los actores sociales. De esta manera, la gobernanza es un proceso clave que permite a la administración pública gerenciar individuos para que aporten al bienestar de la propia sociedad.
La gerencia política debe aprender a adaptarse al entorno globalizado
No cabe duda que vivimos inmerso en una realidad compleja, marcada por múltiples eventos que trastocan la visión de las personas. Ante este cuadro, el gerente político debe accionar mecanismos de integración de capacidades humanas en la organización. Debe ver más allá de las técnicas, las funciones administrativas, el lucro y el mercado. Ha de tomar conciencia y reconocer su papel como sujeto creador de su entorno y la realidad organizacional que aspira dirigir. Por ende, uno de los primeros aspectos a revisar es ubicarse en el plano y cargo que ocupa dentro de la organización. Conocer sus competencias y qué puede aportar en ese ambiente. También debe asumir una actitud a la comprensión del otro, a reconocer que existen otros actores con quienes va a relacionarse para trabajar conjuntamente.
En definitiva, el cargo del gerente lleva consigo un entramado de relaciones donde debe hacerse un buen uso del poder para hacer funcional y exitosa los diversos niveles administrativos. Por eso, en el contexto político, sus actores sociales deben hacer el mayor esfuerzo por formarse y adaptarse al entorno globalizado que está diseminado en todos los espacios de la sociedad. Ellos serán capaces de interpretar los cambios siempre que pongan en práctica su talento y visión flexible para acometer los cambios de la complejidad social. Es un proceso de aprendizaje permanente donde obtendrá valor agregado para llevar a feliz término los proyectos políticos que se propongan realizar en la sociedad.
El respeto a las reglas del juego es clave para la gobernanza
Los actores sociales en ese entramado gerencial deben aprender a lidiar con momentos inciertos y difíciles. En este caso, tienen que desarrollar una serie de iniciativas que impliquen buen manejo de su autoridad, comprensión del entorno complejo, articulación política y operativa de proyectos, concertación de intereses, uso de innovación y modelos de gestión pública, apertura de pensamiento y acciones descentralizadoras en la toma de decisiones administrativas. La sociedad ha cambiado drásticamente y necesita de gerentes que puedan valorar los elementos subjetivos que condicionan el comportamiento humano. El ser humano no funciona como una pieza más en el andamiaje, sino que tiene un mundo de expectativas, desencantos e intereses. De allí que debe recurrirse a los aportes de la psicología para manejar emociones en el amplio tejido organizacional.
Como los actores sociales tienen vivencias e intereses, van a entrar en conflicto entre sí. Es natural que eso ocurre porque la naturaleza humana es impredecible. Es allí donde los gerentes políticos deben internalizar su papel de mediadores y articular con los actores sociales toda iniciativa pública que redunde en la calidad de vida y progreso humano. Tanto los gerentes políticos como los líderes sociales están obligados a respetar las reglas del juego que se establecen en el sistema político y actuar con criterios éticos para no obstaculizar las decisiones que se toman en el Estado. Es menester, entonces, que las organizaciones del Estado viabilicen propuestas y acciones programáticas a partir de la capacidad resolutiva de los actores y públicos ante determinadas situaciones de naturaleza conflictiva.
Hoy no se puede hablar de gerencia si no se hace referencia a quienes la hacen posible. Como se ha dicho, lo peculiar de la gerencia política es la presencia de actores sociales donde subyace el poder. Sin embargo, quienes forman parte de este complejo campo deben supeditar sus intereses grupales a los proyectos colectivos. Los gerentes políticos están obligados a cumplir cabalmente con sus responsabilidades y funciones propias del cargo que detentan, pero, particularmente, responder a los ciudadanos con valores de eficiencia, responsabilidad y progreso.
El gerente político como agente transformador
En este orden de ideas, se visualiza al gerente del Estado como un agente transformador de su entorno. No sólo cumple tareas tecnocráticas, sino que apuesta a un modelo de sociedad más humano, civilizado y con bienestar social. Indistintamente de la realidad organizacional que asuma, el funcionario público es un actor político, capaz de incidir en todos los asuntos de la vida social. Necesariamente, se enfrentará a situaciones de conflicto y negociación para viabilizar la burocracia estatal. Esa es la esencia de la política, tan necesaria para garantizar la convivencia del género humano.
Los actores sociales, al ser determinantes en la gerencia política, convergen en un escenario complejo marcado por simbología cultural y epistémica. Ellos son, simultáneamente, productos y productores de la sociedad donde interactúan. Se comportan y actúan en baso a lo aprendido en el proceso de socialización y sus decisiones afectan el devenir de la realidad social. Si se aspira a un modelo de sociedad más justa y con grandes oportunidades para la mayoría, los gerentes del Estado han de asumir una cultura que acepte el reconocimiento de la oposición política, promueva los derechos fundamentales, fortalezca la democracia y participación ciudadana, garantice un modelo económico que genere riqueza.
Al fin y al cabo, la política como arte y ciencia se despliega en todos los espacios de la vida cotidiana. Ella es necesaria para asegurar que los recursos de una determinada nación puedan ser manejados adecuadamente en los diversos niveles del Estado y ser expresados en servicios públicos. Por tanto, quienes están legitimados para ejercer la conducción de ese aparataje institucional deben actuar con criterios éticos y eficiencia gerencial. Han de entender que la gerencia política es un proceso integral, capaz de abordar la complejidad de los problemas sociales con seriedad, articulando acciones concertadas de los ciudadanos en políticas públicas.
Referencias bibliográficas
Foucault, M. (1993). Microfísica del poder. Madrid: La Piqueta.
Pantoja Ospina, M. (2013). Uso de poder en la gerencia. En: Formación Gerencial en uso de poder. Un enfoque ético. Manizales. Editorial Universidad Nacional del Colombia.
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Jesús Alberto Castillo Doctor en Ciencias Gerenciales. Politólogo. Periodista. Abogado. El Dr. Castillo es un académico y profesional venezolano cuya labor integra la ciencia política, el derecho, el periodismo y la gerencia. Su trabajo se centra en el análisis crítico de la gerencia pública, la democracia y la formación ciudadana, combinando rigor académico con compromiso social. Como profesor universitario, promueve el pensamiento crítico y la comprensión de los procesos políticos y administrativos. Además, como articulista, conecta el debate académico con la realidad pública. Su enfoque epistemológico resalta la importancia del conocimiento bien fundamentado para la toma de decisiones, posicionándolo como referente en la formación de líderes y en la gestión pública ética y efectiva





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