

El abordaje del tema de la acción social guarda relevancia porque nos permite contar con una herramienta fundamental para comprender el comportamiento de las personas como miembros de una comunidad. Hay que tomar en cuenta que vivimos en sociedad y cada día se producen acontecimientos que marcan el destino de la nación y de nuestra propia existencia. Adentrarnos a la acción social constituye un avance para descifrar que factores se esconden dentro de la dinámica social. Implica saber que hay detrás de los movimientos políticos, las decisiones en los altos niveles de gobierno, las relaciones de poder de los actores sociales y, particularmente, las interrelaciones que se producen todos los días en nuestros espacios de vida y afectan irremediablemente el futuro de la humanidad.
Acción social y hecho social: una distinción necesaria
En el campo de la sociología se ha producido un rico debate entre dos conceptos que suelen ser confundidos como sinónimos por la amplia mayoría de la gente. La controversia tiene que ver con “Hecho social” y “Acción Social”. El primero de ellos se refiere a todo acontecimiento que es impuesto por la sociedad al individuo, es decir, es una manifestación externa que trata de moldear la conducta de las personas. Por ejemplo las normas jurídicas, la religión, el sistema financiero, el idioma y las costumbres se han establecido a lo largo de la humanidad y van moldeando el comportamiento de cada ser humano como miembro de la colectividad.
Uno de los autores que logró profundizar en el estudio del hecho social fue Emile Durkeim, el padre de la corriente funcionalista, en su célebre obra “Las reglas del método sociológico”. El pensador francés sostuvo que la sociedad está hecha de cosas que escapan de la naturaleza física y moldean diariamente a los ciudadanos, a partir de las experiencias y modos de vida. Por ende, el sociólogo debía esmerarse en estudiar estos fenómenos con la misma objetividad, rigurosidad y disciplina con la que un físico estudia la materia o un biólogo lo hace con los componentes microscópicos de la célula de un organismo vivo.
Para Durkheim (2001) un hecho social se da fuera de la conciencia del individuo y es reproducido por las estructuras sociales, legítimamente establecidas, para moldear la conducta personal. Es un modo de hacer, pensar y sentir externo al sujeto que posee un poder de coacción y se impone más allá de la voluntad del primero. La persona hereda gran parte de los elementos simbólicos en su proceso de socialización desde las instituciones, se apega a ellos y los hace parte de su vida cotidiana. De manera que el hecho social se extiende en el resto del tejido comunitario y va a influir en el comportamiento de los grupos sociales. No es una simple suma de lo que realizan los individuos aisladamente, sino una manifestación de cosas que ocurren en la sociedad, gracias a los dispositivos simbólicos.
En cambio, la acción social está más ligada a la conciencia del individuo. Al respecto, Max Weber (2014) la entiende como una conducta humana (bien sea manifestada en un hacer interno o externo, una omisión o permiso) siempre que el sujeto o los sujetos enlacen a ella un sentido subjetivo. Si nos apegamos a la noción weberiana esa acción tiene relevancia en la medida que responda a un acto reflexivo y consciente del ser humano. Por lo tanto, no toda acción aislada del individuo es social. Este último puede actuar de manera reactiva ante un acontecimiento y prescindir de sus alcances. Incluso, hasta el ejercicio de imitar el comportamiento de otro en un determinado momento no es considerado una acción social. Por ejemplo, ante una situación de lluvia todos abran el paraguas con el fin de reaccionar frente al fenómeno atmosférico.
Weber sostiene que la acción social se puede manifestar en cuatro tipos ideales: 1) orientada con arreglos a fines, es decir, que el actor use racionalmente diversos medios para lograr el objetivo, 2) destinada con arreglo a valores, donde el actor se mueve por la convicción de principios sin importar los resultados del acto, 3) afectiva, donde la acción del sujeto está determinada por su estado emocional, los sentimientos y las pasiones, y 4) tradicional, la acción está determinada por las costumbres arraigadas y la rutina, como un apretón de mano o un saludo fraterno.
Los actores sociales como dinamizadores del sistema político
La relevancia que adquieren hoy los actores sociales en la sociedad compleja es tal que diversos expertos en el tema han tratado de establecer categorías que pueden ayudar a comprender los diversos espacios en que se mueven para articular demandas e impactar con fuerza en la toma de decisiones del Estado. Los actores aprenden del día a día, expresan sentimientos, promueven luchas y acuerdos, se mueven mediante intereses y proyectos ideológicos. Su accionar va a depender de una serie de variables como nivel de motivación, estatus, edad, género, mecanismos institucionales de participación, entre otros.
En esta sociedad compleja, globalizada e informatizada, cada vez va apareciendo un sinfín de actores que entrelazan relaciones, debaten y promueven alianzas para definir estrategias que les permita aumentar su poder decisorio en el Estado. Partidos políticos, gremios profesionales, sindicatos, empresarios, ONG´s y demás movimientos sociales entronizan una dinámica dialógica en procura de sus intereses en una múltiple estructura que los moldea con sus propias reglas, estableciendo pautas de conducta y determinados hábitos. Surge así una compleja red de escenarios donde dichos actores se vitalizan, debilitan o se adaptan para ejercer su hegemonía.
Por tal razón, le compete al sistema político recibir del entorno social los diversos mensajes que expresan los actores, a través de luchas, noticias, opiniones, manifestaciones, para medir e interpretar acertadamente la “temperatura social” y acceder a una serie de políticas públicas que permitan baja la presión de esos grupos. En todo caso, el proceso es transcomplejo que conlleva a la gerencia política a manejar la información, procesarla acertadamente y contrastar los valores e ideologías que se registran en el heterogéneo segmento poblacional para evitar el colapso del sistema sociopolítico.
Los ejes transversales de la acción social
Es importante resaltar que la acción de los actores sociales se va a desplegar de manera diferente, dependiendo del contexto social e histórico. Cada actor se mueve a intereses diversos, a valores y grado motivacionales inherentes. De allí que Garretón (2001) describe cuatro (4) ejes transversales donde la acción social se hace presente. Cada uno de ellos representa procesos simultáneos, pero conservando su autonomía para darle sentido a los actores sociales. A grandes rasgos, se pueden mencionar:
- La construcción de democracias políticas: en este eje los movimientos sociales procuran legitimar amplios esquemas de participación e institucionalización democrática, mediante tres (3) tipos de acciones: instauración de regímenes democráticos en regiones donde solo existían gobiernos oligárquicos, transición de gobiernos dictatoriales a democráticos y reformas estructurales para perfeccionar el sistema democrático. En el primer caso se requiere de actores mediadores, a nivel nacional e internacional, capaces de facilitar la negociación y la conversión de los grupos insurgentes en actores políticos. En el segundo caso, la transición no se da por derrocamiento sino por negociación dentro del marco institucional y se privilegia el cambio de un titular por otro, donde los partidos y grupos de presión juegan un papel vital. En el tercer caso, no hay cambio de titular pero los movimientos sociales son clave para presionar a la cúpula política.
- La democratización social: está referido a la reivindicación de ciudadanía, superación de la pobreza y la exclusión. De manera que los actores sociales se mueven en la conquista de derechos ciudadanos, vale decir, civiles, políticos, sociales, económicos, ambientales, entre otros. También se expresa contra la segregación por diferencias de sexo, religión, cultura, nivel socioeconómico y región. De manera que surgen diversos movimientos sociales que luchan por su reconocimiento en el sistema político y pueden impulsar grandes movilizaciones y ruptura del orden establecido. Por otro lado, los actores presionan para superar la exclusión social que presenta el modelo socio-económico, dando lugar a minorías e identidades culturales que se rebelan contra el statu quo. Éste se observa en diversos países donde la globalización ha facilitado la aparición de movimientos separatistas.
- La reconstrucción de la economía nacional: está basado en la transformación del tradicional modelo de desarrollo sustentado en la intervención del Estado por otro, mucho más abierto al mercado internacional globalizado. Supone la reinserción de los actores sociales a la nueva dinámica internacional, con flujos de capitales y competencias del talento humano. La aspiración de mejores estándares de vida, donde se ponga de relevancia el papel de la educación de calidad, el personal calificado y la innovación tecnológica. Hoy se aprecia una proliferación de movimientos sociales que pugnan por mejores tasas de empleo, acceso a iniciativas emprendedoras y nuevas formas de reproducción de capital, así como calidad y estabilidad laboral.
- La lucha por las identidades y diversidad cultural: basado en el rescate de la memoria colectiva de los pueblos, su naturaleza identitaria, su pluralidad idiomática y lingüística. Cada nación contiene una identidad que la hace ser única y proclive a manifestar sus costumbres dentro de un determinado espacio territorial, independientemente si sus miembros han nacido o no allí. Es un proceso de comprensión del sujeto con sus congéneres donde se conjuga la dimensión étnica, socioeconómica y política, dándole trascendencia a los actores como sujetos históricos.
La acción social en el complejo entramado de relaciones dialógicas
Puede observarse en el análisis del autor que la acción social se expande por diversos procesos que, a pesar de ser autónomos, se entrelazan de manera transversal para configurar una relación de disyunción y conjunción, unicidad y universalidad, identidad y complementariedad, tal como lo concibe el enfoque transcomplejo de la realidad. A estos ejes, también pueden sumarse otros espacios donde la acción de los actores sociales se hace evidente para presionar el sistema político. Por ejemplo, cobra significación el realce de la imagen corporativa de los movimientos sociales en su lucha reivindicativa de todos los días, la utilidad que desarrollan mediante las redes digitales y la poderosa industria comunicacional donde expresan sus ideas, proyectos, logros y grupo de seguidores.
La identificación de las acciones sociales en el entramado social responde a una relación dialógica de los movimientos sociales por difundir creencias, valores y prácticas que consideran acertadas en las diversas instituciones del Estado y organismos supranacionales. Indudablemente, en los actores sociales se da siempre un grado de integración y compromiso para el logro de objetivos, aunque no se descarta que diversos miembros persigan intereses propios. Al final, su lógica de actuación responde a la cooperación, coalición y defensa mutua de intereses por muy diversos que parezcan entre ellos, pero que se proyectan cohesionados hacia otras fronteras de su espacio natural.
De igual manera, la acción social puede venir determinada en espacios donde el control de recursos económicos es fundamental, tal como ocurre con las corporaciones financieras internas y trasnacionales. En este eje transversal suele ocurrir que las motivaciones de participación responden a fines de lucro y elementos utilitaristas que pueden abrazar causas benéficas, religiosas y de responsabilidad social.
En todo caso, el eje donde pueden desarrollarse las acciones sociales y, por supuesto, los principales actores (partidos políticos, ONG´s, movimientos sociales, gremios, entre otros.) no queda aislado de otros espacios donde la praxis humana busca transformar la existencia de las cosas. Al final, todo se complementa para consolidar la eticidad del sujeto, es decir, ese espacio de interrelaciones humanas, subyugado por los hábitos y costumbres que permiten una forma de percepción de la realidad observada.
Como los actores sociales tienen vivencias e intereses, son los llamados a respetar las reglas del juego que se establecen en el sistema político y actuar con criterios éticos para no obstaculizar las decisiones que se toman en el Estado. Es menester que las organizaciones del Estado viabilicen propuestas y acciones programáticas a partir de la capacidad resolutiva de los actores sociales ante determinadas situaciones de naturaleza conflictiva. De allí que la disposición y actitud de los líderes políticos a llegar a acuerdo y respetarse entre ellos va a marcar el éxito de la acción del Estado y, en consecuencia, en la calidad de vida de los ciudadanos.
Referencias bibliográficas
Durkheim, E. (2001). Las reglas del método sociológico. México: Fondo de Cultura Económica.
Garretón, M. (2001). Cambios sociales, actores y acción colectiva en América Latina. Santiago de Chile: CEPAL. Serie de Políticas Sociales, No.56.
Weber, M. (2014). Economía y sociedad. Esbozo de sociología comprensiva. México: Fondo de Cultura Económica.
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Jesús Alberto Castillo Doctor en Ciencias Gerenciales. Politólogo. Periodista. Abogado. El Dr. Castillo es un académico y profesional venezolano cuya labor integra la ciencia política, el derecho, el periodismo y la gerencia. Su trabajo se centra en el análisis crítico de la gerencia pública, la democracia y la formación ciudadana, combinando rigor académico con compromiso social. Como profesor universitario, promueve el pensamiento crítico y la comprensión de los procesos políticos y administrativos. Además, como articulista, conecta el debate académico con la realidad pública. Su enfoque epistemológico resalta la importancia del conocimiento bien fundamentado para la toma de decisiones, posicionándolo como referente en la formación de líderes y en la gestión pública ética y efectiva.





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